por Javier Márquez
Este artículo surge en el marco de mi proceso formativo como estudiante del programa de Certificado de Posgrado en Estudios Teológicos en Seminario Bíblico Menonita Anabautista AMBS (Anabaptist Mennonite Biblical Seminary). Durante este semestre, hemos estado profundizando en el tema del Shalom de Dios, bajo la guía de nuestra tutora, la teóloga Dra. Zaraí Gonzalía. Como parte del curso, se nos invitó a explorar distintas expresiones de violencia en la actualidad y a preparar una exposición académica. En mi caso, el enfoque fue la violencia digital, un fenómeno que atraviesa nuestra vida diaria y desafía profundamente nuestra manera de vivir la fe en el mundo contemporáneo.
En un mundo cada vez más conectado, la vida digital se ha convertido en una extensión de nuestra vida cotidiana. Lo que decimos, compartimos y consumimos en redes sociales no es neutral: construye o destruye realidades.
¿Qué es la violencia digital?
La violencia digital se refiere a todas aquellas acciones que, mediante el uso de tecnologías y plataformas digitales, generan daño a otras personas. Esto incluye prácticas como el ciberacoso, la difusión de contenido íntimo sin consentimiento, la humillación pública, la desinformación y el discurso de odio.
Diversos marcos internacionales coinciden en esta definición. Por ejemplo, ONU Mujeres, describe la violencia digital como actos de violencia facilitados por la tecnología que afectan la dignidad, seguridad y derechos de las personas (ONU Mujeres, 2021). Asimismo, estudios del Cyberbullying Research Center señalan que cerca del 24,5% de los jóvenes ha participado en acoso digital, evidenciando la magnitud del fenómeno (Hinduja & Patchin, 2025).
Impacto social y psicológico
Uno de los aspectos más preocupantes es su impacto en la salud mental. Investigaciones recientes muestran una relación directa entre ciberacoso y problemas como ansiedad, depresión, aislamiento social e ideación suicida (Kowalski et al., 2023).
En Colombia, el Ministerio de Salud ha señalado que al menos 2 de cada 10 estudiantes presentan síntomas de ansiedad relacionados con situaciones de acoso, incluyendo el digital (MinSalud, 2023). Además, informes periodísticos han documentado cómo estos efectos se agravan debido a la permanencia del contenido en línea, que puede reaparecer constantemente y revictimizar a las personas (Cadena SER, 2026).
A nivel social, el impacto también es profundo: abandono escolar, pérdida de oportunidades y silenciamiento de voces. Según el Ministerio TIC, hasta el 70% de jóvenes en América Latina ha experimentado alguna forma de ciberacoso (MinTIC, 2024).
Intolerancia religiosa en lo digital
Otro aspecto clave es la intolerancia religiosa en entornos digitales. Estudios sobre comportamiento en redes muestran que estas plataformas tienden a generar “burbujas ideológicas”, donde el diálogo con quienes piensan distinto es mínimo (arXiv, 2018).
Esto afecta también a comunidades de fe. En muchos casos, el lenguaje religioso se utiliza para juzgar, excluir o deslegitimar al otro. Investigaciones han señalado que el discurso de odio en línea puede escalar y relacionarse con violencia en la vida real (PNAS Nexus, 2023).
Esto nos invita a una autocrítica: la violencia digital no solo se dirige hacia comunidades religiosas, también puede ser ejercida desde ellas.
La lengua que destruye… y la que da vida
Desde una perspectiva bíblica, el poder de la palabra es central. La Escritura advierte:
- “La lengua es un fuego” (Santiago 3:6)
- “De toda palabra ociosa darán cuenta” (Mateo 12:36)
A lo largo de la Biblia vemos cómo las palabras pueden generar violencia (Ester 3; 1 Samuel 22), pero también cómo pueden detenerla, como en el caso de Abigail (1 Samuel 25).
Esto revela una verdad profunda: la violencia comienza en el lenguaje. Y hoy, ese lenguaje tiene un alcance global.
Shalom en tiempos digitales
El Shalom de Dios no es solo ausencia de conflicto, sino plenitud, justicia y relaciones restauradas. Jesús enseña:
- “Bienaventurados los pacificadores” (Mateo 5:9)
- “Amen a sus enemigos” (Mateo 5:44)
Vivir el Shalom en lo digital implica resistir la lógica de la agresión. Significa responder con gracia, como exhorta Colosenses 4:6, y no devolver mal por mal (Romanos 12:17-21).
Esto se traduce en prácticas concretas:
- Pausar antes de responder
- No participar en dinámicas de humillación
- Verificar información antes de compartir
- Reconocer la dignidad del otro
Educación digital como camino
Frente a este panorama, la educación digital es fundamental. No basta con saber usar la tecnología; necesitamos aprender a convivir en ella.
La educación digital implica desarrollar pensamiento crítico, ética, empatía y responsabilidad. Es una herramienta clave para prevenir la violencia y construir entornos digitales más humanos.
La violencia digital nos confronta con una pregunta profunda: ¿qué tipo de personas estamos siendo en los espacios donde interactuamos?
Desde la fe, esta pregunta adquiere aún más peso. No se trata solo de lo que creemos, sino de cómo lo vivimos en cada interacción.
En un mundo marcado por la polarización, vivir el Shalom de Dios es una propuesta contracultural. Es elegir construir en lugar de destruir.
Tal vez todo comienza con algo sencillo, pero poderoso: nuestras palabras.
Referencias (síntesis)
- Hinduja, S. & Patchin, J. (2025). Cyberbullying Data. Cyberbullying Research Center.
- ONU Mujeres (2021). Violencia digital y de género.
- MinSalud Colombia (2023). Salud mental en contextos escolares.
- MinTIC Colombia (2024). Ciudadanía digital.
- Kowalski et al. (2023). Cyberbullying and mental health.
- PNAS Nexus (2023). Discurso de odio y violencia.
- Cadena SER (2026). Impacto psicológico del ciberacoso.
- arXiv (2018). Polarización religiosa en redes.



