por Adriana Celis
En el campo la vida puede ser utopicamente hermosa, pero también profundamente dura. Las largas jornadas bajo el sol soportando las altas temperaturas en el verano, el trabajo físico y la paciencia constante para generar recursos economicos forman parte de una rutina que pocas personas conocen realmente. Spencer Garrison lo sabe bien.
Creció trabajando en granjas agropecuarias en Ohio, Estados Unidos, soportando veranos inclementes y extensas jornadas laborales bajo el sol. Allí también fue testigo de cómo muchos migrantes latinoamericanos —especialmente provenientes de México— trabajaban arduamente en aquellas tierras buscando mejores oportunidades para sus familias.
Fue en medio de esas experiencias donde comenzó a surgir en Spencer una profunda curiosidad por la cultura latinoamericana, su idioma y las formas en que las comunidades migrantes construyen relaciones comunitarias aun en medio de las dificultades. Desde entonces, una palabra comenzó a permanecer constantemente en su mente: inclusión.
Tal vez fue precisamente esa búsqueda lo que lo llevó a acercarse más profundamente al Anabautismo mientras estudiaba en Bluffton University, institución asociada a la Iglesia Menonita de Estados Unidos. Allí encontró algo que marcaría significativamente su vida: una comunidad académica donde profesores y estudiantes se caracterizaban por la calidez, la amabilidad y la generosidad que formaban comunidad.
Y es que, en un mundo donde muchas veces las personas son excluidas por el color de piel, el idioma, el acento, el país de origen o por no compartir determinadas raíces angloamericanas, Spencer decidió que la exclusión no tendría lugar dentro de su manera de entender la vida.
Del Anabautismo aprendió que la justicia y la paz comienzan cuando se extiende la mano al prójimo, especialmente a quienes más lo necesitan.
Más allá de las palabras: brindar soluciones
Como parte de los desafíos y aprendizajes que han marcado su vida, Spencer participó en un intercambio académico organizado por Bluffton University que lo llevó hasta Guatemala.
El viaje a Odigua, en San Pedro Carchá en Guatemala, le permitió acercarse de manera mucho más profunda a la realidad centroamericana y comprender cómo las comunidades rurales construyen alternativas sostenibles en medio de múltiples desafíos económicos y sociales.
Allí trabajó junto a un pequeño grupo de granjeros dedicados a la agricultura regenerativa y al cultivo de nuevas variedades vegetales dentro del sector cafetalero. Más allá de la teoría, y las utopias de los paraisos tropicales de latinoamerica, Spencer se adentro al corazón de los cultivos de café Guatemaltecos. Allí participó activamente en capacitaciones y procesos relacionados con agricultura regenerativa, enseñando soluciones prácticas para fortalecer el trabajo agrícola de las comunidades.
En la práctica, muchas de estas iniciativas consistían en sembrar café bajo la sombra de árboles leguminosos, como el chalum o el paterna, especies que permiten fijar nitrógeno de forma natural en el suelo y contribuyen al fortalecimiento ecológico de los cultivos.
Al mismo tiempo, estas experiencias buscaban proteger las nuevas variedades agrícolas desarrolladas en la región y generar recursos económicos sostenibles para las comunidades locales, ayudándoles a comprender cómo aprovechar mejor sus propios procesos productivos.
La experiencia en Guatemala no solo amplió el conocimiento práctico y académico de Spencer. También transformó profundamente su manera de entender las realidades que enfrentan muchas familias centroamericanas.
Por primera vez pudo observar de cerca las condiciones sociales, económicas y culturales que viven muchas personas antes de migrar hacia Estados Unidos. Aquello le permitió conectar esas experiencias con las historias de los migrantes latinoamericanos que había conocido años atrás trabajando en las granjas de Ohio.
Humanizar al extranjero
Aunque Spencer nació en Ohio y creció dentro de una familia cristiana en condiciones muy diferentes a las de muchas familias migrantes, reconoce que acompañar y humanizar a quienes dejan sus países buscando mejores oportunidades no lo hace débil; lo hace humano.
Sabe que detrás de cada trabajador migrante existen historias de sacrificio, resistencia y esperanza. Historias de personas que trabajan largas jornadas en granjas, fábricas, restaurantes y muchos lugares donde la demanda lo necesite por intentar construir un futuro más estable para ellos mismos y sus hijos.
Esa reflexión conecta profundamente con la canción Gallo Pinto de la cantautora hondureña-canadiense Daniela Andrade, cuando dice:
¨Esto es por mi mami, esto es por mi papá / Lo dejaron todo para darme / Lo que ellos no pudieron tener.¨
Para Spencer, la resiliencia de muchos trabajadores centro y latinoamericanos representa precisamente eso: la capacidad de dejar atrás su tierra, su idioma, su cultura y muchas veces a sus propias familias para construir nuevas oportunidades a través del esfuerzo y la resiliencia, no solo para ellos, sino para que sus hijos e hijas tengan lo que ellos no pudieron tener.
También comprende que migrar implica enfrentarse a sociedades que, en ocasiones, pueden sentirse frías, distantes y excluyentes. Sin embargo, aun en medio de esas dificultades, muchas familias logran construir nuevas identidades biculturales que unen sus raíces latinoamericanas con las nuevas generaciones nacidas en Estados Unidos.
Y quizá por eso, aunque Spencer Garrison no sea latino de sangre, muchas personas consideran que sí lo es de corazón.
De la inclusión al servicio
Ese profundo amor por la comunidad latina fue precisamente lo que llevó a Spencer a involucrarse activamente en la iglesia Menonita Aposento Alto de la Conferencia Western District en Wichita, Kansas, donde sirve junto al pastor Jaime Cázares como líder de alabanza y colaborador en distintos proyectos comunitarios de la iglesia.
Para Spencer, las experiencias que ha vivido durante los últimos años transformaron profundamente su manera de comprender la fe, la comunidad y la dignidad del ser humano. Con el tiempo aprendió no solamente a admirar la cultura latinoamericana, sino también a valorarla, honrarla y dignificarla.
Habla de la comunidad latina con cercanía y gratitud, como alguien que fue recibido con afecto por personas que terminaron haciéndolo sentir parte de una gran familia.
¨Como si fuera de consanguinidad«, describe.¨
Fue precisamente ese proceso de cercanía y calidez humana y espiritual lo que despertó en él un llamado mucho más profundo hacia el servicio pastoral. Por esa razón decidió comenzar sus estudios en el Certificado de Estudios Teológicos del Anabaptist Mennonite Biblical Seminary (AMBS).
A través de ese proceso, Spencer entendió que América Latina posee una manera distinta de sentir la vida, construir y expresar cercanía en comunidad. Desde las largas charlas en las meriendas, las llamadas telefonicas, las siestas despues del almuerzo, el tomar café endulzado con caña y las secciones de juego de domino en un atardecer veraniego forman parte de esa calidez latino que no pretende ser superior, ni inferior en otra cultura solo ser apreciada, vista e incluida.
Y es por eso que Spencer, considera que la calidez latinoamericana, el sentido comunitario y la forma en que muchas familias latinas acompañan el dolor y celebran la vida las convierten en comunidades profundamente valiosas.
¨Dios creó un universo inmenso, pero al mismo tiempo cercano”, reflexiona Spencer al hablar sobre cómo entiende hoy la diversidad cultural desde la fe.¨
Un liderazgo centrado en el Shalom
Spencer asegura que sus estudios teológicos le han permitido desarrollar una visión profundamente Anabautista del liderazgo cristiano: una visión donde Dios permanece en el centro, pero donde también existe un compromiso constante con la dignificación del ser humano.
Para él, hablar del Shalom de Dios significa mucho más que hablar de paz. Significa construir reconciliación, sanar heridas y evitar formas de violencia sistemática o religiosa que históricamente han excluido a muchas personas dentro y fuera de las comunidades de fe.
Desde su perspectiva, el Evangelio debe convertirse en un espacio seguro para quienes han vivido rechazo, discriminación o abandono.
De la prédica a la acción
Spencer cree firmemente que la comunidad latina necesita atención, acompañamiento y apoyo constante, especialmente las personas indocumentadas que muchas veces viven en condiciones de vulnerabilidad y miedo. Por ello considera importante recordarles que no están solos. Que existe esperanza. Y que, aunque la oscuridad parezca interminable, ninguna noche es eterna.
Actualmente, además de servir en la iglesia, Spencer trabaja arduamente instalando paneles solares en Kansas. Desde hace dos años está casado con Risa Garrison, y reconoce que constantemente intenta encontrar equilibrio entre el trabajo, la familia, sus estudios teológicos y el servicio comunitario.
Aun así, procura dedicar tiempo a conectar a la comunidad hispana con recursos comunitarios que puedan brindar apoyo legal, financiero y educativo a familias migrantes que enfrentan procesos difíciles de adaptación en Estados Unidos. Una de esas organizaciones es empower, entidad que ofrece acompañamiento y herramientas en distintas áreas para comunidades vulnerables.
Una mesa para todos
Al finalizar la conversación con Spencer, él vuelve constantemente a una misma idea: la inclusión. Dice que quiere convertirse en una fuente de apoyo para personas que no tienen recursos, especialmente para quienes han sufrido exclusión o segregación dentro de contextos angloamericanos. Su deseo, explica, es sencillo pero profundo: invitar a otros a la mesa. A una mesa donde todas las personas puedan sentirse vistas, escuchadas y dignificadas.
A una mesa donde las diferencias culturales no generen barreras, sino comunidad.
Y, sobre todo, a una mesa donde las personas puedan conocer las buenas nuevas de Jesús desde el amor, la cercanía y la reconciliación.




