por Adriana Celis
Con gran alegría presentamos dos series de artículos sobre el curso Historia del Pueblo Cristiano, en los que se reflexiona, desde una perspectiva académica y práctica, sobre la importancia de estos estudios dentro de la oferta formativa del Seminario Bíblico Anabautista Hispano (SeBAH). Esta primera parte analizamos La historia del pueblo cristiano: memoria viva para una fe fiel hoy.
El pastor Roger R. Moreno Padilla, de la Iglesia de los Hermanos – Venezuela y estudiante del Seminario Bíblico Anabautista SeBAH, nos comparte su experiencia en el curso de Historia del Pueblo Cristiano, que empezó el pasado 12 de enero de 2026, y por qué su deseo de estudiar este curso ha sido tan provechoso en su vida.
Roger nos comenta que la historia del pueblo cristiano no es un simple recuento de hechos del pasado. Es una memoria viva que revela cómo la fe nació, creció y se sostuvo en medio de crisis profundas, persecuciones y contextos de amenaza constante. Estudiarla resulta fundamental para la formación bíblica y ministerial actuales, porque nos recuerda que el seguimiento de Jesús siempre ha estado marcado por la fidelidad en tiempos difíciles.
Desde las primeras comunidades cristianas, que vivieron su fe bajo opresión y riesgo, hasta las iglesias actuales en contextos latinoamericanos complejos, la historia nos muestra una continuidad: el ministerio de hoy forma parte de una misma cadena de testigos. Conocer esa trayectoria nos permite valorar la fidelidad de quienes nos precedieron, reconocer la fuente de donde emana nuestra fe y aprender tanto de sus aciertos como de sus errores. En países como Venezuela y en toda América Latina, donde persisten tensiones sociales, políticas y espirituales, esta memoria histórica fortalece nuestra identidad y nos recuerda que no caminamos solos, sino acompañados por el autor de la fe.
Crisis, fidelidad y renovación de la iglesia
Roger nos comparte que, al estudiar este curso, profundiza y recuerda que, a lo largo de los siglos, la iglesia ha atravesado momentos de profunda fidelidad, pero también de graves crisis. De estos procesos históricos, la iglesia contemporánea puede rescatar una enseñanza clave: en tiempos de crisis, siempre es necesario volver al evangelio. La historia demuestra que cuando la iglesia se mantiene humilde, fiel a las enseñanzas de Jesús y cercana a los más necesitados, se renueva y se fortalece. Por el contrario, cuando se mezcla con intereses de poder o se aleja de su vocación servicial, pierde su esencia.
Momentos clave para comprender la misión de la iglesia hoy
Y es que en diversos períodos históricos resultan fundamentales para comprender la identidad y misión de la iglesia en el presente. La iglesia primitiva nos recuerda la fuerza de la comunidad y la vida compartida; la Reforma nos enseña que la fe no se compra ni se somete al poder; y el anabautismo subraya un discipulado radical, pacífico y comprometido, inspirado en la iglesia de Jerusalén.
En el contexto venezolano, el crecimiento del protestantismo en medio de dificultades sociales y económicas muestra que el evangelio sigue siendo fuente de esperanza. Para el año 2026, aproximadamente entre el 19 y 20 % de la población —en un país de más de 33 millones de habitantes— se identifica como cristiana. Desde los tiempos de Constantino hasta hoy, lo que fue perseguido ha encontrado espacios de libertad, y aun en contextos de persecución actual, los cristianos continúan dando testimonio de su fe.
Aportes de la tradición anabautista al discipulado cristiano
También nos comenta que desde la perspectiva anabautista, varios elementos históricos son esenciales para comprender una manera particular de vivir la fe. La comunidad visible afirma que la iglesia no es una institución abstracta, sino un cuerpo concreto de creyentes que comparten la vida en solidaridad. La interpretación bíblica comunitaria enseña que la Palabra se discierne en conjunto y no es propiedad de unos pocos. La separación entre iglesia y poder político previene la instrumentalización del evangelio, mientras que la no violencia llama a seguir el camino de Jesús en la reconciliación y el amor al prójimo.
Estos principios se expresan en símbolos concretos: el vaso de agua fría ofrecido al enemigo, la mesa abierta como espacio de reconciliación, la vida sencilla que rechaza privilegios y el sacerdocio de todos los creyentes, que incluye a hombres y mujeres por igual. La convicción de que toda guerra es pecado recuerda que la fidelidad a Cristo se vive en paz y justicia.
El anabautismo no surge como una mera división denominacional, sino como una comunidad bíblica de raíz pietista que ha sostenido su testimonio por más de 300 años, atravesando persecuciones y preservando la comunión fraterna como signo del Reino de Dios. En Venezuela, estos elementos han sido fundamentales para acompañar comunidades indígenas, campesinas y urbanas, demostrando que la fe se vive en solidaridad, justicia y esperanza, incluso en medio de una crisis social y política prolongada.
Historia, fe crítica y compromiso con Jesús
Es por ello que el pastor Roger nos dice que el estudio de la historia cristiana contribuye a formar una fe con identidad, humildad y compromiso. Una fe humilde, porque reconoce que la iglesia ha cometido errores y necesita aprender de ellos; una fe crítica, capaz de distinguir entre el verdadero evangelio y las manipulaciones religiosas; y una fe comprometida, que busca coherencia entre lo que se cree y lo que se vive.
En el caminar personal como estudiante, profesional, maestro y pastor, conocer el contexto, las fuentes y la historia de la fe resulta esencial para enseñar, acompañar a otros, defender derechos y mantener viva la esperanza en medio de las crisis. También implica comprender cómo la fe cristiana ha estado inmersa en los procesos históricos y culturales de cada pueblo.
En conclusión, estos espacios que brinda SeBAH para estudiar la historia del pueblo de Dios no solo enseñan que la fe se transmite únicamente como un sistema doctrinal o una ciencia bíblica, sino que también se vive y se renueva en cada tiempo. En Venezuela, Norteamérica y América Latina, ser iglesia ha significado acompañar al que sufre, defender la dignidad humana y anunciar el Reino de Dios en medio de la crisis. El desafío actual es seguir siendo fieles a Jesús con una fe activa, crítica y comprometida, que recuerde el pasado y abra esperanza en el presente.
“Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:80 Reina-Valera 1960)



