por Adriana Celis
Como parte de las dos series de artículos sobre el curso Historia del Pueblo Cristiano, que analizan, desde una perspectiva académica y práctica, la relevancia de este tipo de estudios que, junto con muchos otros, ofrece este año el Seminario Bíblico Anabautista Hispano (SeBAH). Les presentamos la segunda parte de este artículo al cual hemos decidido llamar La historia del pueblo cristiano: mediante una fe activa no evitativa parte 2.
Historia del Pueblo Cristiano es uno de los cursos más significativos ofrecidos por el Seminario Bíblico Anabautista (SeBAH), como parte del amplio repertorio de capacitaciones bíblicas y teológicas del Seminario Bíblico Anabautista Hispano. Este curso busca profundizar en el caminar histórico de la iglesia cristiana, resaltando su testimonio de fe en distintos contextos sociales, políticos y culturales.
En esta ocasión, la profesora Patricia Urueña y Secundino Casas, estudiante del curso, comparten sus reflexiones sobre la importancia de estudiar Historia del Pueblo Cristiano y el impacto que tiene tanto en la formación teológica como en la práctica pastoral y comunitaria.
¿Por qué es importante estudiar la Historia del Pueblo Cristiano?
El estudio de este curso es fundamental por varias razones. En primer lugar, brinda herramientas pertinentes y relevantes para la iglesia de hoy, especialmente en su relación con las autoridades del Estado y los desafíos contemporáneos. A lo largo de la historia, las comunidades cristianas respondieron a contextos complejos dando testimonio de los valores del Reino de Dios, afrontando problemáticas sociales, políticas y espirituales con fidelidad al evangelio.
Asimismo, el curso ofrece testimonios profundamente inspiradores del caminar de la iglesia a lo largo de los siglos. Estos relatos evidencian una fe vivida con coherencia, perseverancia y compromiso, incluso en medio de persecuciones, luchas y grandes retos. La historia muestra comunidades que encarnaron el evangelio no solo con palabras, sino con una vida marcada por el amor de Dios hacia la humanidad.
Un ejemplo claro de ello se encuentra en las crónicas huteritas del siglo XVI, donde se describen comunidades fraternas caracterizadas por el compartir de bienes, la solidaridad con los más necesitados, la amonestación fraterna, el discernimiento comunitario y una vida sencilla como testimonio del obrar de Dios. De igual manera, las iglesias anabautistas del siglo XVI, como lo señala Walter Klaassen en su libro Entre la Iglesia del Estado y la Religión Civil, se distinguieron por su fidelidad a la misión de Dios, anunciando con palabras y obras la llegada del Reino de Dios y asumiendo los costos del seguimiento de Cristo, incluyendo la discriminación, la persecución y el martirio.
En distintos contextos históricos, la iglesia confrontó a las autoridades estatales cuando estas atentaban contra la vida humana, optando por obedecer a Dios antes que al Estado. Por ello, muchos cristianos asumieron la no violencia como principio de vida: rehusaron participar en la guerra, bendecir armas o jurar fidelidad a símbolos estatales como la bandera, entendiendo que la lealtad última corresponde únicamente a Cristo. Esta postura reflejaba una fe comprometida que rechazaba colocar al Estado al mismo nivel de adoración que Dios.
De este modo, se conformaron iglesias libres, separadas del poder estatal, que no obedecían de manera incondicional al Estado y que se constituyeron como una voz profética en favor del evangelio de paz, denunciando las injusticias y violencias ejercidas contra los pueblos.
En el contexto actual, marcado por gobernantes autoritarios, militarización y violencia contra la población civil, la historia interpela a la iglesia a asumir una postura pacifista activa: una fe en acción que promueva la defensa de los derechos humanos, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, y que busque incidir mediante acciones concretas, como el diálogo y la denuncia profética ante las autoridades.
La voz del estudiante
Secundino Casas, estudiante del curso, comparte su perspectiva sobre la importancia de esta formación:
“Considerando que en el ministerio pastoral el estudio forma parte de nuestro crecimiento espiritual, en cuanto más conocimiento logramos adquirir, mejor podremos realizar nuestra labor. En concreto, el estudio de la Historia del Pueblo Cristiano nos permite conocer las raíces de esta tradición, lo cual nos nutre profundamente al momento de interpretar la Biblia. Comprender el contexto histórico nos ayuda a presentar una narrativa más cercana a la realidad de los antepasados bíblicos. Además, entender la historia nos permite preservar sus enseñanzas y vivirlas cada día, tal como nuestro Señor Jesús nos lo recomienda.”



