por Adriana Celis
Entrevista para MenoTicias con Alva Pérez —esposa de Mario Rocha—, recientemente instalada como pastora en Casa Betania, en Newton, Kansas, nos compartió con profunda honestidad y sensibilidad sus más íntimos sentimientos sobre este significativo momento de fe, llamado y comunidad.
Alva y Mario son esposos, padres, inmigrantes y, ante todo, hijos de Dios. Un matrimonio pastoral que cree profundamente en el valor de la comunidad, uno de los pilares de su fe anabautista. Su anhelo, al llegar a esta bella comunidad de fe, es guiar desde la humildad, la sencillez, la escucha, el servicio y el discernimiento comunitario. La paz, la justicia y el cuidado mutuo son esenciales para ellos. Así como una fe que se vive en lo cotidiano. Alva nos comenta: “Anhelamos una iglesia donde nadie camine solo, donde la diversidad sea una riqueza para trabajar en equipo y donde el amor de Cristo se encarne en relaciones sanas y solidarias.”
Su llamado pastoral
Su llamado pastoral nació en la cotidianidad, en esos momentos en que nos preguntamos: ¿cómo podemos servir a Dios más allá de nuestros propios límites, deseos y egos? Es un instante en el que, en los días largos y las noches frías, Dios nos recuerda que el servicio a él es un acto de confianza y de rendición total. Dios empezó a preparar este llamado de manera cotidiana, a través de procesos largos y, a veces, silenciosos. La formación teológica, la vida comunitaria, la dependencia de Dios al tomar decisiones difíciles, el acompañamiento pastoral, pero también las transiciones, las despedidas, el desapego de los seres amados y la experiencia migratoria empezaron a moldear su corazón. Alva le cuenta a MenoTicias, desde su narrativa bastante emotiva: “He aprendido que el liderazgo pastoral no nace del control, sino del servicio; no de tener todas las respuestas, sino de caminar con otros”. Siento que Dios me ha enseñado a escuchar, a esperar y a confiar, y eso es lo que traigo a este nuevo tiempo.”
La instalación se realizó este 18 de enero de 2026 en la iglesia Casa Betania, en la fría ciudad de Newton, Kansas. Un momento que tuvo un significado profundamente sagrado para Alva y Mario, quienes no lo vivieron solo como un nombramiento, sino como una confirmación del cuidado fiel de Dios a lo largo del camino. Nos cuenta Alva: ‘Llegar a Newton, a Casa Betania, siendo migrante, esposa, mamá y pastora, me recuerda que Dios llama en medio de la vida real, con todo lo que somos y cargamos. Espiritualmente, es un acto de confianza: creer que Dios mora entre su pueblo. Personalmente, es gratitud. Gratitud por los procesos, por las personas que nos formaron y por esta comunidad que nos recibe como familia.
Sueños inquebrantables
Para Alva y Mario, estar en casa Betania representa un sueño: una comunidad verdaderamente hogar: un espacio de refugio, de sanidad y de misión. Una iglesia que acompañe a las familias, a las personas migrantes, a los jóvenes, a los niños y a quienes buscan sentido y esperanza. Alva dice que “anhela una comunidad que forme discípulos comprometidos con el evangelio de Jesús, que vivan su fe con coherencia, sirviendo y siendo testimonio del amor de Dios en medio de Newton”. Reconociendo y siendo testigo del inquebrantable amor de Dios, quien está en Casa Betania, obrando entre nosotros. Que no caminamos solos ni solas y que el Espíritu de Dios sigue guiando a su pueblo incluso en tiempos de cambio. Los invito a caminar juntos, con paciencia, esperanza y fe activa. Que confiemos en que Dios sigue escribiendo nuestra historia como comunidad, y que cada paso, por pequeño que parezca, puede ser un acto de amor y fidelidad. Aun con los medios que conlleva el ser inmigrante en este país actualmente, nuestra fe resuene tan fuerte siendo comunidad.



